De ver 0,5 a una agudeza visual de 1,2: adaptación de lentes esclerales en un paciente con queratocono

Cómo el mapeo corneal, el diseño individualizado y el ajuste progresivo permitieron recuperar una visión nítida en un caso de queratocono bilateral que ya no toleraba lentes RGP corneales.

Este es un caso real documentado por nuestro equipo. El paciente llegó a consulta con queratocono diagnosticado en ambos ojos, viendo mal tanto de lejos como de cerca incluso con gafas, y sin poder tolerar las lentes de contacto rígidas permeables al gas (RGP) de tipo corneal que había probado antes. Es un punto de partida habitual en pacientes con córnea irregular: las gafas ya no corrigen bien y las lentillas convencionales resultan incómodas o directamente inviables.

La causa suele ser mecánica: en una córnea cónica, una RGP corneal apoya su curvatura sobre el ápex irregular en lugar de flotar sobre él, lo que provoca roce constante, sensación de cuerpo extraño e incluso riesgo de marcar o cicatrizar el tejido con el uso prolongado. Es la señal habitual de que ha llegado el momento de valorar un diseño de mayor diámetro.

El reto: una córnea que las soluciones convencionales ya no resuelven

En un ojo con queratocono, la córnea pierde su forma regular y las gafas dejan de poder corregir toda la distorsión. El siguiente paso habitual, una lentilla RGP corneal, tampoco fue viable en este caso: al apoyarse directamente sobre una córnea irregular, genera roce y molestia. La lente escleral resuelve precisamente ese problema, porque su diseño de gran diámetro le permite apoyarse sobre la esclera —la parte blanca del ojo— y saltar por completo la córnea, sin llegar a tocarla.

Ese salto sobre la córnea no es solo geométrico: el espacio entre la cara posterior de la lente y la superficie corneal se llena de lágrima y actúa como un reservorio estable, una auténtica córnea óptica artificial. Es lo que permite que un ojo con una superficie muy irregular perciba, a través de la lente, una imagen tan nítida como la de una córnea sana.

El proceso de adaptación, paso a paso

Mapeo corneal y escleral (baseline)
Antes de diseñar cualquier lente, topografiamos y medimos la elevación de ambos ojos para entender exactamente cómo se apoyará la lente sobre la esclera. En este caso, el mapeo mostró diferencias de elevación entre meridianos que había que compensar en el diseño. Si esas diferencias no se detectan a tiempo, la lente tiende a descentrarse o a balancearse con el parpadeo, apoyándose más en una zona que en otra y generando molestia o incluso compresión localizada. Por eso el mapeo no es un paso genérico: cada lente escleral que fabricamos parte de la topografía real de ese ojo, no de una curva estándar.
Cálculo y diseño de la primera lente de prueba
Con los datos del mapeo, calculamos la sagita de partida —la profundidad de la lente— y seleccionamos una lente de nuestra caja de pruebas como punto de partida. El software de diseño escleral nos permite simular el aclaramiento sobre la córnea antes incluso de que el paciente se pruebe la primera lente, lo que reduce el número de lentes físicas que hay que ensayar en consulta y acorta el proceso. La sagita —cuánto se «ahueca» la lente para separarse de la córnea— es el parámetro que más determina si el ajuste quedará flotando correctamente o demasiado suelto o apretado.
Prueba, evaluación del ajuste y primeros resultados
Con la primera lente de prueba puesta, comprobamos tres cosas: la agudeza visual con sobre-refracción, el comportamiento tras varias horas de porte, y —lo más importante— cómo se apoya realmente la lente sobre la esclera, evitando compresión capilar o levantamientos con burbuja. En este caso, ya en la primera prueba el ojo derecho alcanzó una agudeza visual de 1,0.

 

Así distinguimos con lámpara de hendidura los signos de un apoyo escleral excesivo —incluida la compresión capilar dentro de la propia lente— frente a un ajuste correcto, sin compresión ni blanqueamiento conjuntival.

Evaluar el ajuste nada más insertar la lente no basta: el reservorio lagrimal y el apoyo escleral se asientan durante las primeras horas de porte, y es entonces cuando aparecen los signos reales de un apoyo excesivo o insuficiente. Por eso citamos al paciente a media mañana, tras varias horas seguidas con la lente puesta, y no solo en el momento de la inserción.
Fabricación individualizada y entrega
A partir de los datos de la prueba, fabricamos la lente definitiva de cada ojo con sus parámetros específicos de sagita, curvas periféricas y zona de apoyo escleral. La entrega incluye siempre formación en inserción, extracción y mantenimiento higiénico de la lente. Esta formación es tan importante como la propia lente: una técnica de inserción incorrecta puede introducir burbujas de aire bajo la lente o alterar el reservorio lagrimal, y una higiene deficiente es la principal causa evitable de complicaciones en el porte de lentes esclerales.
Ajuste fino y seguimiento
Adaptar una lente escleral no termina en la entrega. En este caso, tras las primeras horas de porte reajustamos la zona de apoyo escleral de ambos ojos para mejorar la comodidad, hasta alcanzar el resultado final: una agudeza visual de 1,2 en el ojo derecho y de 1,2 en el ojo izquierdo —este último, además, con una ligera potencia positiva añadida tras confirmar que el paciente se encontraba más cómodo con ese ajuste. Este tipo de ajustes en los días y semanas posteriores a la entrega es habitual y forma parte del proceso, no una excepción: la esclera y la conjuntiva pueden responder de forma distinta a como lo hacían en consulta tras varias horas seguidas de porte real, y el objetivo final no es solo la agudeza visual, sino que el paciente pueda llevar la lente cómodamente durante toda la jornada.
«No se trata solo de diseñar una lente, sino de afinarla hasta que el paciente vea con nitidez y la lleve cómoda durante toda la jornada.»

Por qué este proceso importa

Este caso resume lo que diferencia una adaptación de lentes esclerales bien hecha de una genérica. Ninguno de estos pasos es opcional cuando se trabaja con córneas irregulares como las de un paciente con queratocono:

  • Mapeo preciso de la superficie ocular. Sin datos reales de elevación corneal y escleral, cualquier diseño parte de una suposición, no de ese ojo concreto.
  • Diseño individualizado asistido por software. Simular el aclaramiento antes de fabricar reduce el ensayo-error y acorta el proceso para el paciente.
  • Validación objetiva del ajuste, incluida la comprobación por OCT. El criterio no puede depender solo de lo que refiere el paciente o de lo que parece a simple vista.
  • Ajustes sucesivos tras la entrega. El resultado final se afina con el porte real, no solo en la silla de consulta.

Saltarse cualquiera de estos pasos no hace la adaptación más rápida: la hace menos fiable.

 

Preguntas frecuentes sobre la adaptación de lentes esclerales

¿Cuánto dura todo el proceso de adaptación?

Varía según la irregularidad de la córnea, pero suele implicar varias citas: mapeo, una o más pruebas de lente, entrega y al menos un control de ajuste posterior. En casos como este, con compensación de meridianos y ajuste fino de potencia, es habitual necesitar más de una revisión antes de dar el proceso por cerrado.

¿El mapeo corneal es incómodo o doloroso?

No. Es una prueba de imagen sin contacto: el topógrafo capta la forma de la córnea y la esclera sin tocar el ojo. El único momento de contacto llega después, al probar la lente.

Si mi ojo tolera bien la primera lente de prueba, ¿por qué necesito más ajustes?

Porque una prueba de pocos minutos en consulta no reproduce lo que ocurre tras varias horas seguidas de porte real. El apoyo escleral y el reservorio lagrimal se comportan de forma distinta cuando la lente lleva puesta toda una jornada, y ese es precisamente el escenario que queremos optimizar.

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